jueves, 06 agosto 2020

Calidad educativa en tiempo de Covid 19

La Organización Internacional para la Estandarización (ISO), es uno de los referentes más antiguos y reconocidos vinculado a la calidad, según esta organización la “calidad es el grado en el que un conjunto de características inherentes de un objeto cumple con los requisitos” (ISO 9000:2015)

18 de mayo 2020

La Organización Internacional para la Estandarización (ISO), es uno de los referentes más antiguos y reconocidos vinculado a la calidad, según esta organización la “calidad es el grado en el que un conjunto de características inherentes de un objeto cumple con los requisitos” (ISO 9000:2015) . En esa lógica, para determinar la calidad de la educación peruana tendríamos que medir el grado en el que este servicio está cumpliendo su finalidad.

Parafraseando el artículo 9 de la Ley 28044 (ley general de educación que se encuentra vigente desde el año 2003), resulta que los fines de la educación son: la realización de la persona y la contribución de ésta al desarrollo sostenible del país. En ese sentido, la educación peruana sería de calidad si los egresados de nuestras instituciones educativas demostraran habilidades para lograr sus metas personales y contribuir al desarrollo del Perú.

El estado de emergencia sanitaria, declarado por el Gobierno peruano en marzo del presente año, ha desatado una crisis sin precedentes que obviamente ha puesto en riesgo, no solo la salud de los peruanos sino que además ha paralizado el desarrollo económico del pais. En este contexto, un buen resultado del sistema educativo nacional debería evidenciarse en el respeto a las reglas de seguridad sanitaria impuestas y que consisten en mantener el distanciamiento social y rigurosas prácticas de higiene. Sin embargo, hasta la fecha no ha sido posible pasar de la cuarentena obligatoria a la cuarentena inteligente simplemente porque nuestros compatriotas (producto de nuestro sistema educativo) en una proporción peligrosamente significativa, han decidido no acatar las reglas y salir a las calles a realizar sus actividades como si no existiera nada a que temer.

La desobediencia a la autoridad y el levantamiento de un orden paralelo llamado informalidad, es uno de los mayores flagelos de la sociedad peruana que las instituciones educativas, ni públicas ni privadas, han podido combatir. Los rankings más famosos en los que nuestras universidades anhelan figurar, no consideran como criterio el desarrollo de estas habilidades sociales (porque consideran que es suficiente lo aprendido en la educación básica) y se concentran en competencias investigativas de alta complejidad, que en este momento pierden importancia frente a aspectos más domésticos que paradójicamente van a determinar la continuidad o colapso de toda una generación.

El COVID19 ha determinado una crisis que dejará profundas huellas en las familias por las personas que están muriendo y en la economía nacional, pero también está dejando tristes evidencias de la poca incidencia que sigue teniendo nuestro sistema educativo en el desarrollo de los fines de la educación, lo que sin duda nos da cuenta de que está muy lejos de ser una educación de calidad.

Para el GICES, esta flagrante debilidad de nuestras instituciones educativas, lejos de deprimirnos, nos despierta y compromete. Nos obliga a destacar los esfuerzos de aquellos peruanos bien educados que “viralizan” videos y frases profundas que nos lleven a la reflexión. Pero también, nos anima a seguir contribuyendo al desarrollo de la cultura de calidad de nuestros educadores, y a ejercer vigilancia sobre el sistema educativo en general, pidiendo a las universidades una mayor capacidad propositiva para elevar los niveles reflexivos y de madurez cívica de nuestros ciudadanos. Hoy todos dependemos de esas competencias ciudadanas básicas y ningún nivel educativo debería sustraerse de aportar a esta gran necesidad.

Desde esta sencilla columna editorial, ofrecemos nuestro granito de arena para que algún día, nuestras instituciones alcancen los niveles de calidad que necesitamos y quien sabe en ese intento consigamos algo mejor, es decir constituirnos en una sociedad educadora de verdadera calidad.

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